Podría partirse de que una actitud es buena por ser productora de aprendizaje, pero sobre todo, porque produce creatividad. Convendría estudiar es aquello que genere alternativas. Esto podría parecer obvio, sin embargo, genera una motivación diferente, puede cambiar el enfoque.
El problema con eso, es que muchas veces la especificidad de un problema hace pensar que solamente puede resolverse de un cierto modo; pero esto confirma mi necesidad: la solución del problema no está en parcharlo, sino en ir más allá, o sea, comprender mejor el procedimiento al que se acude en cada situación. Esta labor, se podría decir que sería inútil si se estuviera en un ambiente de producción, sin embargo, el ideal de cualquier trabajador es tener el conocimiento suficiente para sotenerse en producción pudiendo darse el lujo de tomarse el tiempo para estudiar a fondo el funcionamiento de cualquier procedimiento que le genere dudas.
Para eso claramente hay que trabajar y de algún modo, el trabajador debe estimar que en la actualidad esa es también su tarea en la oficina, aun cuando él mismo no se haya abierto ese espacio, precisamente porque deberá írselo abriendo poco a poco. Sin embargo, el tiempo libre le puede servir para avanzar sin ninguna culpabilidad hacia la resolución de los problemas desde esa perspectiva. Aunque debe seguir midiendo y considerando cierta prisa, pues no es sano el relajo total, también debe comprender que mientras más respeto tenga el espacio de lo investigativo en un nivel de profundidad que se produzca de la búsqueda exhaustiva y la comprensión de los resultados, podría ser que a la larga tenga cierta autonomía, ya sea como trabajador independiente o como colaborador. Para esto hay que aclarar que el colaborador no siempre es menos autónomo que el trabajador independiente, pues dependiendo de su conocimiento, puede dedicarse a las labores de su preferencia.
Podría considerarse que con esto se pretende que alguien, siendo colaborador o no, podría decidir hacer lo que le da la gana; hay algo de eso, pero es dentro del marco de estudio y soluciones planteadas por los acuerdos y no se cuestiona que límites siempre van a haber.
Aunque en cierto modo, se puedan encontrar algunos huecos teóricos en lo dicho, creo que a nivel de ensayo tiene valor, pero no para motivarse a la deconstrucción o crítica del texto, sino a la puesta en práctica del mismo. Por otro lado, la seria implicación de considerarlo de modo acrítico es que no se puede partir desde el dogma para caminar hacia el resto y es ahí donde uno se detiene a pensar nuevamente si sería mejor desmenuzar lo anterior. La respuesta más tentadora y a la vez relativamente satisfactoria, es la de que será, de por sí, necesario realizar una segunda pasada (y otras más sucesivas, probablemente hasta la muerte) en un momento dado, cuando la necesidad lo amerite.
Podría verse lo anterior como algo paradójico, pues de algún modo contradice el ideal investigativo planteado; sin embargo, más bien brinda la oportunidad de indicar lo que sería una comprensión lograda por la búsqueda exhaustiva: aquella que permite la apropiación de una solución en cuestión.
Sería sumamente aburrido pensar nuevamente en la necesidad que se tendrá de reapropiarse de la solución cuando se le encuentren defectos, inconsistencias o carencias, pues cada uno de estos “errores en el sistema” deberá encargarse de demostrar la falta de apropiación.
Esto da pie a una síntesis muy valiosa, pues encuentra un punto de partida para mejorar el equilibrio en la cuerda floja que hay entre lo teórico-racional y lo empírico-sensible. Claro, por hablar de eso siento de inmediato siento que me cae en la cabeza y me golpea un libro de los más pesados: la Crítica de la Razón Pura. Cuando lo tengo en mis manos y me lo quiero apropiar, recuerdo que no le pertenezco a él ni él a mí, en casi ninguna de sus partes; solo me quedó aquello que escuché en una explicación del libro sobre los juicios sintéticos a priori y todo ese enredo que nunca me cuajó ni me aterrizó. Si yo me resulevo con un textillo propio que intenta hacer equilibrio (ojalá fuera como el equilibrista de “Así Habló Zaratustra” de Nietczhe, posterior a Kant) a partir de motivaciones ingenuas, en un entorno de producción vulgarizado por la inmediatez, como lo son casi todos en este lado del planeta ¿Debería primero apropiarme de La Crítica de la Razón Pura para establecer la diferencia y mejorar los procesos que dependan de mí?
En todo caso mi "textillo vulgar" tendría que acompañar la lectura de la Crítica de la Razón Pura, pues es del que vengo apropiado, valga decir, a partir de la experiencia.
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