Érase de un maradónico y además, tan corriente personaje, que no tenemos cómo teóricamente diferenciarlo de cualquier groserito que toca el balón de buen modo en una cancha abierta. El fútbol, al final en su acto menos circense, se vuelve solo fútbol, mientras que a base del melodrama lúdico psicomotoro de uno que hasta con la punta de la nalga hace una serie, la cuestión se vuelve Celeste, como el color de la bandera y el uniforme de fútbol argentinos y del Nápoles. He allí aquella diferenciación pendiente. Además, no es cualquiera el que juega y gana con la misma virtud a la vez fútbol y calcio, que son lo mismo pero diferentes; a Maradona se le escuchaba decir con la misma autoridad y cariño ambas palabras.
Las cejas dicen "llegué para quedarme" y después, con otra parte del cuerpo, la punta del pie, sirve el balón. Esta anacronía extraña entre la noción de sus cejas y la de sus pies, es parte de la abstracción intempestiva que nos muestra cuadro a cuadro la documentación de sus participaciones. En ella tenemos el sonido del toque, la elevación del esférico y la aclamación tal, que en el ambiente algo genera neblina: quizá la voz del conjunto espectador es así de densa, o bien, el cielo siempre baja con sus nubes para confirmar su espesor en tales circunstancias.
Pasó cerca de Videla, de Ménem, de Castro. Sus cejas grandes y ojos pequeños, no dejaron de reír y reírse de ellos, aun del mismo Fidel, aunque además le tuvo aprecio. La única época en la que dejaron de reír sus ojos y sus cejas, fue aquella de tensión por la coca, cuando ni Maradona sabía quien era ese que lo suplantaba; él se miraba desde no sé donde, quizá su pasado o futuro le daban entidad en alguna otra parte, aun cuando su cuerpo visible fuera el de un robot esclavizado.
Ya liberado bailó y cantó, sonrió, abrazó a sus padres, se reencarnó de anhelos y vida. Y aquel groserito de canchas abiertas, del cual no se diferencia más que por un par de divinidades, le sigue bailando al mundo desde cualquier parte.

No hay comentarios:
Publicar un comentario